
Lo que convierte a las ciudades de Ragusa y Modica en
únicas y fascinantes es, ante todo, el aspecto tardo barroco: la
presencia de pintorescas y escenográficas callejuelas, ricas de
tiendas antiguas, casuchas y edificios nobiliarios, crean una atmósfera
de otros tiempos. La rica arquitectura de las dos ciudades, situadas en
el área de los Montes Ibleos, pertenece casi por completo a fechas
posteriores al terremoto (1693), que también aquí produjo
numerosos daños.
Hoy el casco antiguo de Ragusa (Ibla) y el de Modica están completamente
separados de la ciudad nueva, creando así escenarios fundidos con
la espléndida naturaleza del lugar.
Importantes son, por último, las producciones locales: en el interior
de la provincia de Ragusa se produce algarroba, cereales y quesos de alta
calidad; Modica, sin embargo, es conocida por el chocolate, los dulces
y las pizzas típicas.