
Acireale surge en un acantilado,
en una terraza de lava, en situación ideal. Fundada presumiblemente
por los griegos, Akis se convirtió en una ciudad próspera
y famosa bajo el dominio romano; todavía hoy conserva de este período
diversos sitios arqueológicos. Durante el terremoto de 1693 sufrió
daños que no alteraron la estructura de la ciudad. La huella barroca
de la reconstrucción se percibe por todos sitios: el corazón
de este centro es la magnífica plaza de la Catedral.
Bajo la terraza que acoge el centro habitado se encuentra la reserva natural
de la Timpa que está en un territorio que se ha conservado especialmente
íntegro y en algunos puntos todavía incontaminado: la “costa
de los limones”. A los pies de la Timpa se levanta el pueblecito
marinero de Santa Maria La Scala: el pequeño burgo de pescadores,
milagrosamente intacto, es famoso por sus aguas límpidas y por
las playas de piedra lávica.